La pobreza, la principal consecuencia de la informalidad laboral
El mercado laboral colombiano muestra señales mixtas en lo corrido de 2026.
Si bien la ocupación ha crecido, su ritmo se ralentizó en comparación con el 2025. Además, solo 2 sectores concentran el 80 % de la generación de nuevas ocupaciones, plausiblemente como respuesta a un factor coyuntural más que estructural.
Un análisis de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, revela que a pesar de esos avances, más de la mitad de la población ocupada sigue en la informalidad, sin la posibilidad de cotizar a pensión y con bajos salarios.
El reporte señala que no solo los ingresos de los informales han crecido menos en la última década, sino que los del 20 % más pobre de la población apenas si puede cubrir la línea de pobreza con los ingresos promedio, situación que ha empeorado en esa ventana de tiempo.
En esa realidad en la que navega el mercado de trabajo, el salario mínimo juega un rol preponderante. El 40 % de la población se encuentra debajo de ese valor en sus ingresos promedio.
Esto implica que el umbral de la formalidad es apenas una meta aspiracional para esta población, que difícilmente encontrará, bajo las condiciones actuales, mecanismos que le permitan sumarse a la formalidad.
Esta realidad, señala el análisis del Centro de Estudios Económicos, es una invitación para visualizar los efectos de un salario mínimo restrictivo, y repensar con ello mecanismos que faciliten que las nuevas ocupaciones se localicen en el lado más Favorable de la distribución de ingresos de cara al Futuro.
A pesar del comportamiento favorable en la ocupación, persisten retos en algunos sectores estratégicos y sobre todo, en uno de los principales problemas de nuestro mercado de trabajo: la informalidad.
Los resultados
del DANE muestran que ese indicador se ubicó en Febrero de 2026 en 55,3 %, apenas por debajo del registro de hace un año (57,6 %).
Lo anterior evidencia la incapacidad de nuestro mercado laboral de traducir los fuertes crecimientos de la ocupación en mayores niveles de formalidad. Esto es particularmente crítico si se tienen en cuenta las características de los empleos informales, se mantienen marginados de cotización al sistema pensional, lo que pone en riesgo su protección a la vejez, suelen ser empresas unipersonales de baja productividad y sobre todo perciben menores ingresos.
Por definición, y debido a que gran parte de los ocupados informales se encuentran bajo el umbral del salario mínimo, que impide su cotización a pensión, la brecha en el nivel de ingresos es sustancial. Producto de eso y más allá de concentrarse en la diferencia de salarios, es importante evidenciar su cambio en el tiempo.
Como es de esperarse, la pandemia significó un revés para el empleo, aunque particularmente para los trabajadores informales, quienes vieron sus ingresos reducirse y empeorar respecto al 2015.
Con la reactivación económica, la trayectoria de los ingresos retomó la senda positiva. Sin embargo, vale resaltar que hasta el 2024, para los ocupados informales ese nivel apenas si supera al registrado en 2015, mientras que los trabajadores formales presentaban una mejora de 19% respecto a ese mismo periodo.
Con los resultados a 2025, el mensaje es claro: los ingresos de los trabajadores formales crecieron 20 % en términos reales en la última década, más del doble de lo que lo hicieron los ingresos de los informales, que fue del 9 %.