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¿Y la cultura ciudadana en Ibagué, pa' cuándo?

De hecho, en marzo de 2024, el concejal del partido MIRA, Camilo Tavera, propuso unos lineamientos que debían ser base para construir la política pública de cultura ciudadana en un término perentorio de un año, pero eso nunca pasó. El tema quedó en veremos y ni siquiera el mismo concejal ponente de los lineamientos ha musitado palabra alguna para reclamar.
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11 Oct 2026 - 9:30 COT por Juan Manuel Díaz Borja

Lo poco o mucho que las últimas generaciones de colombianos conocimos sobre cultura ciudadana, lo hicimos gracias a Antanas Mockus. Un profesor más que un político cualquiera, al que incluso vimos lanzándole vasos de agua a sus rivales políticos en televisión nacional para promover el respeto de manera diferente. Fue alcalde de Bogotá en dos ocasiones y, durante su paso por la administración, a través de múltiples estrategias como la famosa “hora zanahoria”, los mimos y las tarjetas cívicas, logró darle una transformación total a las formas en que los bogotanos ejercían su ciudadanía. Desafortunadamente, los colombianos no tuvimos la fortuna de hacerlo presidente en 2010.

Y comienzo hablando de Antanas y de ese legado, que todavía permanece en la mayoría de los bogotanos, para volver a poner sobre la mesa, con mayor razón en épocas preelectorales, la nula cultura ciudadana que hay en Ibagué y la nula preocupación que les asiste a quienes han pasado por la administración municipal e incluso por el cabildo. Salvo Guillermo Alfonso Jaramillo, que tuvo algunos asomos de campañas pedagógicas con conos gigantes en contra de los mal parqueados, aquí nadie habla de eso, porque pareciera que eso no es importante. De hecho, en marzo de 2024, el concejal del partido MIRA, Camilo Tavera, propuso unos lineamientos que debían ser base para construir la política pública de cultura ciudadana en un término perentorio de un año, pero eso nunca pasó. El tema quedó en veremos y ni siquiera el mismo concejal ponente de los lineamientos ha musitado palabra alguna para reclamar.

Ni la administración Hurtado ni la administración Aranda han considerado importante hablar sobre los motivos por los cuales hay tantas riñas que generalmente terminan en homicidios, ni por qué todos los días cientos de motocicletas transitan por los pasos peatonales para ahorrar camino, ni el por qué no se respetan los semáforos, ni el espacio, ni el cuidado de lo público. Tampoco nadie se ha preguntado por qué no hay control o autorregulación, ni cumplimiento de la Ley 2262 de 2022, que establece que todas las ciudades en Colombia deben estar armonizadas con los lineamientos nacionales sobre cultura ciudadana. Lo cierto es que, en Ibagué, a la fecha, no hay ninguna campaña intersectorial de cultura ciudadana, ni mucho menos seguimiento o control de indicadores relacionados con el tema, porque también hay un desconocimiento de lo que significa y de los alcances que pudiera tener promover un enfoque de cultura ciudadana en materia de desarrollo y competitividad, de fortalecimiento del turismo, la identidad, el sentido de pertenencia, entre otros.

Lo más preocupante aún es que, ad portas de una campaña electoral con más de 18 precandidatos a la Alcaldía, ninguno hasta el momento ha hablado de la importancia de la cultura ciudadana. Ibagué tiene decenas de problemas, pero la alcaldesa Aranda pareciera que se enfocó solamente en el de las vías, algo que se le reconoce, pues ha saldado deudas históricas en materia de eso. Pero ¿y lo demás qué? Hablando del MIRA, ¿cuál es la labor, por ejemplo, del señor Jorge Iván Sabogal como director de Participación Ciudadana y Comunitaria de la ciudad? ¿Cuál es la gestión que ha hecho respecto a eso? ¿Por qué el secretario de Cultura, Mauricio Hernández Cala, nunca habla de cultura ciudadana si es a él a quien le correspondería desarrollar esa política pública?

Ibagué necesita entender que el desarrollo de una ciudad no se mide solamente por los kilómetros de vías pavimentadas, ni las obras de cemento, también se mide por la manera como sus ciudadanos conviven, respetan las normas, cuidan lo público y se sienten orgullosos del lugar donde viven. Aquí seguramente pasa solamente lo último.

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