Alcaldia
  |   25.Mayo.2022   |   Por:  
Adriana Avilés

El presidente

Adriana Avilés
Crédito: 
Internet
Aranzalez
Los colombianos necesitamos un sistema que despolitice el nombramiento de las cabezas de los organismos de control.
Velotax

Pareciera que algunas cosas han cambiado desde aquella época sangrienta, cuando el poder político en Colombia se repartía solo entre liberales y conservadores. El país, en manos de familias que tradicionalmente han manejado los hilos del poder para decidir el futuro de una nación, una nación que no ha logrado levantar cabeza y que continúa teniendo una de las mayores tasas de desigualdad económica y social del mundo.

Y en el contexto actual, cómo no recordar a George Santayana, el famoso filósofo español que creció en Estados Unidos y su famosa frase, “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.  

 El aumento en los niveles de pobreza en medio de la pandemia y un polémico Acuerdo de Paz en 2016 que, ya mostrada la gran división entre los colombianos, ha generado una crisis social que se manifiesta a finales de 2019, en 2020 y 2021, en donde Colombia fue escenario de fuertes protestas, en las que estalló el hartazgo de los ciudadanos hacia un gobierno y dirigencia política desconectada de la realidad que viven las regiones. En el 2021, la propuesta de un proyecto de reforma tributaria fue solo la punta del iceberg de un inconformismo acumulado que originó movilizaciones que estallaron en todo el territorio nacional, demostrando que Colombia ya no es el mismo país de antes.

Por primera vez en décadas, la movilización demostró mayor poder para convocar a obreros, maestros, trabajadores de la salud, campesinos, indígenas, estudiantes e incluso a comerciantes y otros actores sociales que se organizaron para protestar por el ajuste fiscal propuesto por el actual presidente y que habría dificultado aún más la supervivencia en una economía sofocada por la pandemia.

El próximo presidente deberá ganarse la confianza y credibilidad de los ciudadanos que están dispuestos a recuperar la democracia y defender la república. El presidente  deberá comprometerse con temas tan fundamentales como la igualdad de la mujer, las oportunidades para los jóvenes, la gobernabilidad democrática, la seguridad, la negociación con  actores armados , la inflación, la reforma del sistema de pensiones, la inmigración venezolana, el medioambiente (una víctima más del conflicto), el desarrollo rural sobre el que están puestas las esperanzas del campo hace décadas, la reactivación económica, la generación de empleo, el apoyo a micro y pequeñas empresas, un verdadero impulso al desarrollo productivo, apostarle a la ciencia y a la tecnología, controlar los precios y garantizar el autoabastecimiento de alimentos. Esto es solo el inicio, además es evidente la necesidad de frenar los asesinatos a líderes sociales, definitiva y real lucha frontal contra la corrupción, el hambre, parar los abusos policiales, garantizar un ingreso básico para todas las personas mayores, progreso de los grupos étnicos … detener tantas situaciones de desigualdad y nuestro lastre ante el mundo: el narcotráfico.

Los colombianos necesitamos un sistema que despolitice el nombramiento de las cabezas de los organismos de control, una agenda internacional que apoye los derechos humanos, la aplicación plena del Acuerdo de Paz, la democracia, el multilateralismo y la integración latinoamericana, entre otras tareas que deberá atender y resolver, o por lo menos no dejar empeorar nuestro próximo mandatario.

El más reciente sondeo de la encuestadora 'YanHass' refleja que los colombianos tienen entre sus principales preocupaciones la economía, la corrupción, la inseguridad ciudadana y el desempleo.

Además, el 85% de los encuestados sostiene que la seguridad en las ciudades, pese a las políticas de Duque, no solo no ha mejorado, sino que ha permanecido igual e incluso ha empeorado.

El mandatario saliente terminará su legislatura con unos índices de desaprobación nunca vistos y que superan el 80% en cuestiones de desempleo, corrupción y, precisamente, seguridad ciudadana.

Este intrincado escenario es el que deberá asumir el futuro ocupante de la Casa de Nariño una vez que tome posesión como presidente de Colombia el próximo 7 de agosto de 2022, pero antes deberá conquistar el voto de los colombianos y ganar la disputa electoral.

Colombia requiere un presidente sincero y transparente, que conozca a fondo el país y entienda lo que la gente necesita, capaz de tomar decisiones difíciles y buscar soluciones innovadoras, que piense en grande con visión estratégica para el país, que sea confiable, que cumpla lo que promete y genere unión no división.  Una persona coherente, que haga lo que dice; que promueva y valore la participación de todos y todas, que respete y defienda las normas, las leyes y la diversidad de ideas.

El presidente que necesita el país en este momento de la historia es aquel que  proponga planes y soluciones aterrizadas, que en cada una de sus actuaciones refleje altos valores éticos, que sea fuerte y decidido, cercano y que entienda lo que se vive en los territorios, que transmita un mensaje de esperanza, que sea capaz de lograr resultados, de construir, movilizar, promover grandes cambios,  y que ante las dificultades se fortalezca y avance, construya relaciones de confianza, que tenga amplia trayectoria intelectual y capacidad de convocatoria, que tienda puentes para solucionar conflictos, que conforme equipos calificados e invite a soñar a los ciudadanos y sea, un gran comunicador que con sus palabras inspire a construir en medio de las diferencias el país que soñamos.

Estamos en un momento crítico y decisivo para el país en el que cada voto cuenta. No deje que el suyo sea la excepción. Como dijo el crítico de teatro y editor George Jean Nathan: “Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”.