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IBAGUÉ - COLOMBIA, 17.Enero.2021
  |   10.Enero.2021   |   Por:  
Alejandra Guerrero

Orden, prevención y acción

Crédito: 
Javier Pérez / Ecos del Combeima
Exigir o hacer críticas constructivas no es hacer oposición, es nuestro deber como ciudadanos.

Las últimas semanas he observado con interés como el orgullo y sentido de pertenencia por nuestra región se ha vuelto tangible. En algo tan sencillo como mantener los colores que representan nuestra ciudad damos los primeros pasos para hacer de nuestra región un motor económico. Atrás queda la idea de que en el Tolima no hay nada que hacer, tiempos en que el Tolima nos daba todo, solo para después haber una fuga de cerebros. Somos bastantes los que hemos decidido hacer de nuestra región una fortaleza económica. Somos bastantes los que nos llena de orgullo trabajar por nuestra región que nos ha dado todo. 

En un momento tan delicado económico y social, es la resiliencia del sector privado y el trabajo en conjunto con entidades gubernamentales una posible solución para una crisis que ningún país occidental ha podido contener. El interés y las demandas que está mostrando la población hacia la situación actual es una herramienta para nuestra democracia, atrás quedaron los años de indiferencia. Les aseguro que de haber estado todas las voces independientes que hacen veeduría, el desastre de los escenarios deportivos no habría pasado. Exigir o hacer críticas constructivas no es hacer oposición, es nuestro deber como ciudadanos. Es alarmante que ya vamos en la segunda alcaldía después de ese desfalco y no hayamos podido darle solución. 

Exigir el cumplimiento del plan de gobierno dado la coyuntura del COVID es difícil, sin embargo, nunca había sido más necesaria la inversión en infraestructura en pro de la economía naranja. Fue la bandera de plan de gobierno de varios alcaldes, pero en este momento en el que estamos confinados ni siquiera nos sirve la red eléctrica. Lo he escrito con anterioridad, la economía naranja si puede funcionar y sería un acelerador para la economía. Pero para esto necesitamos una infraestructura que carecemos y en la cual no se ha invertido. 

Con la mayoría de la ciudad confinada necesitamos ideas, creatividad y aún más importante: soluciones. La economía no puede seguir desmoronándose. En una región con tantas riquezas, como es que 1 de cada 5 personas ha racionado comidas, esto es escandaloso. Dependemos del apoyo local que proteja nuestra economía, después de meses de mesas de trabajo es hora de ejecutar. No podemos retroceder todavía más en factores económicos. 

En Ibagué el desarrollo se ve contenido por estudios, muchas ideas, pero poca ejecución. Es excesivo el tiempo que se están tomando los estudios en una ciudad con necesidad de inversión en todos los sectores. Dónde hay que estudiar incluso el mantenimiento de los semáforos. La empresa privada intenta mantener a flote la economía, pero hay que pedirle al gobierno orden, prevención y acción. 

Las ganas de trabajar en pro de la región no pueden quedarse solo en deseos debe ir de la mano con las entidades municipales y las secretarias de gobierno. Es difícil encontrar algún otro momento en la historia en que gobernación, alcaldías y demás entidades gubernamentales fueran manejadas por la misma afiliación política. Por ende, es sorprendente la pobre coordinación que ralentiza el crecimiento, en una economía en la que el sector privado le sobra pujanza.