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Cuando la crítica invita a asumir responsabilidades

Nuestra ciudad merece nuevas voces, nuevas perspectivas y ciudadanos dispuestos a dar un paso al frente.
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1 Nov 2026 - 7:50 COT por Juan Manuel Díaz Borja

Durante mucho tiempo he creído que la política no debería ser un asunto exclusivo de quienes han hecho de ella un modus vivendi para alcanzar riqueza o satisfacciones individuales. Es evidente que Ibagué necesita ciudadanos que, desde sus diferentes oficios, experiencias y escenarios de participación, se interesen por lo público y entiendan que los problemas colectivos no se resuelven únicamente desde la crítica. 

La ciudad tiene muchos desafíos y algunos son evidentes: movilidad, seguridad, empleo, infraestructura, oportunidades para los jóvenes y desarrollo económico. Otros son menos visibles, pero igualmente importantes: la falta de confianza en las instituciones y en los políticos tradicionales, la distancia entre los ciudadanos y sus gobernantes y esa costumbre, cada vez más arraigada, de acostumbrarnos a que las cosas no cambien.

Desde el periodismo, la academia y los espacios de opinión he tenido la oportunidad de observar, analizar y conversar sobre la ciudad. Como docente universitario, además, he conocido de cerca las inquietudes de las nuevas generaciones que esperan algo más que discursos y promesas de quienes tienen responsabilidades públicas, y es precisamente desde esos escenarios donde surge una pregunta que cada vez tiene más sentido para mí: ¿hasta dónde debería llegar el compromiso de un ciudadano con su ciudad?

Es claro que la crítica es necesaria, cuestionar es saludable y ejercer control político desde los medios y la opinión pública es fundamental en una democracia, pero también hay momentos en los que uno se pregunta si es suficiente quedarse al otro lado de la barrera, señalando lo que está mal, o si es necesario asumir mayores responsabilidades y atreverse a dar otros pasos. 

No creo que Ibagué necesite más políticos que quieran enriquecerse a costa del servicio público. Ibagué necesita conversaciones serias sobre su futuro, instituciones que respondan y representantes que comprendan que una curul no es un privilegio personal, sino una responsabilidad con miles de ciudadanos, incluso con quienes no han votado por ellos. 

Tampoco creo que para participar en política sea obligatorio pertenecer a una estructura tradicional o tener una larga trayectoria en los directorios partidistas. La participación ciudadana debe estar abierta a quienes tengan ideas, disposición de servicio y voluntad de asumir los riesgos que otros no quieren asumir. 

Nuestra ciudad merece nuevas voces, nuevas perspectivas y ciudadanos dispuestos a dar un paso al frente. La pasividad de la mayoría de los diputados del Tolima, y la complacencia del grueso de concejales con la administración municipal, indican que quienes han llegado allá, lo han hecho más por los privilegios y el estatus que eso da, que por servirle a los demás, y eso no puede seguir pasando. 

Por mi parte, después de tantos años de observar, escribir, enseñar y participar en las discusiones sobre Ibagué, creo que también ha llegado el momento de hacerme preguntas sobre mi propio papel en esa transformación. No se trata de abandonar la independencia de criterio ni de renunciar a las convicciones que he defendido desde mis diferentes escenarios profesionales, sino de entender que el compromiso con una ciudad puede llevarnos a asumir responsabilidades distintas. No descarto que ese sea el camino que decida emprender, y ojalá que así como yo, haya mucha gente que se inquiete, que se incomode, y que piense que siempre puede ofrecer más. 

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