Entre más duro el tajo, más fuerte el cafetero tolimense
Hay años que uno recuerda por lo que se cosechó. Y hay otros que uno recuerda por lo que se aprendió. El año cafetero 2025-2026 fue de los segundos. Duro, sin duda. Pero no definitivo.
La Federación Nacional de Cafeteros confirmó esta semana lo que muchos en el norte del Tolima ya veníamos sintiendo en los números: Colombia cerró el año cafetero con 12,65 millones de sacos de 60 kilogramos, frente a 14,87 millones del año anterior. Una caída del 15%. Dos millones doscientos diecisiete mil sacos que no llegaron al mercado. Las exportaciones cayeron un 12%. Y el precio internacional bajó casi un 27% en lo que va del año. No es un número menor. Es una señal de que algo hay que cambiar.
¿Por qué cayó la producción? La respuesta tiene varios apellidos. El Fenómeno del Niño llegó antes de lo previsto y estresó los cafetales en plena floración, reduciendo el amarre de frutos en las regiones de mayor producción. A eso se sumó el agotamiento de cafetales que llevan años esperando renovación, y un precio que desincentivó la inversión agronómica. Cuando la cosecha no paga los insumos, el cafetero le afloja la mano al fertilizante y el cafetal lo acusa meses después.
El golpe en el Tolima es concreto. Nuestra región aporta cerca del 10% de la cosecha nacional, lo que en años buenos ha representado una economía cafetera de alrededor de $1,5 billones entre ingresos directos, empleo rural y servicios asociados. Con la caída en producción y en precio, esa cifra podría quedarse este año entre $1,2 y $1,3 billones. Una pérdida de entre $200.000 y $300.000 millones solo en el Tolima.
Pero aquí viene la parte que me importa contar. Porque en medio de ese panorama, hay una historia diferente que se está escribiendo en silencio y que merece más titulares de los que recibe.
Mientras el café commodity sufre los golpes del mercado internacional, el café de especialidad del Tolima está demostrando que hay otra forma de jugar este juego. Los productores que apostaron por la calidad, por las certificaciones de origen, por los perfiles de taza diferenciados, están vendiendo con primas de 20 a 50 centavos de dólar adicionales por libra sobre el precio de la bolsa. En un mercado que castiga el volumen, ellos están siendo premiados por la excelencia. Y no son casos aislados. Son decenas de cafeteros del Líbano, de Planadas, de Chaparral, de Ibagué y de gran parte de nuestro amado Tolima que llevan años construyendo esa reputación taza a taza, finca a finca, con las manos en la tierra y los ojos en el mercado mundial.
Eso es exactamente lo que se busca año a año con nuestra feria de cafés de especialidad. Estoy seguro de que el legado de Ricardo Orozco siempre trascenderá, por el bien de los cafeteros de especialidad. Una feria que ya va en su cuarta versión y cuya continuidad quedó blindada por una ordenanza departamental que tuve el honor de ayudar a construir. Es el Tolima diciéndole al mundo que aquí no producimos café a secas. Producimos el mejor café. Y el mercado de especialidad, que mueve más de 20.000 millones de dólares al año en el mundo, está dispuesto a pagar lo que eso vale.
Y hay una señal técnica que tampoco se puede ignorar. En septiembre de 2026, el último mes del año cafetero, la producción creció un 6% frente al mismo mes del año anterior. Las lluvias están llegando. Los cafetales están respondiendo. El ciclo, como siempre en el campo, va a dar la vuelta.
Por eso este año cafetero, con todo lo que dolió, también tiene una lectura positiva para quien quiera verla. Nos mostró con claridad qué cafetales hay que renovar, qué variedades hay que sembrar y por qué la apuesta por la calidad no es un lujo sino la única estrategia que tiene sentido en un mercado que ya no premia el volumen sino la excelencia.
El cafetero tolimense lleva generaciones demostrando que entre más duro el tajo, más firme se para. Que el verano no lo derrota, que el precio bajo no lo rinde y que la montaña donde nació siempre vale la pena defenderla.
Este año nos cobró la factura. El próximo la vamos a cobrar nosotros.