El reto de Defensores de la Patria en el Tolima
Los partidos políticos en Colombia están atravesando una crisis que ya no puede explicarse solamente por la pérdida de militantes o por los resultados de una elección. Las personas dejaron de creer en los políticos, que, a su vez, dejaron de creer en las ideologías, y han saltado de partido en partido buscando avales, burocracia y saciar apetitos personales, permitiendo que la disciplina partidista se convierta en moneda de cambio en diferentes coyunturas electorales.
En el Tolima, en los últimos años, el más damnificado ha sido el Partido Liberal. Luego de haber retenido varias alcaldías y la Gobernación en diferentes ocasiones, no solo ha perdido militantes, sino también credibilidad, por cuenta de las muchas diferencias —algunas de ellas irreconciliables— entre sus figuras más destacadas, como Mauricio Jaramillo, Jorge Casabianca, Guillermo Santos, Olga Beatriz González, entre otros. Hoy, el Partido Liberal sigue adelante con nuevas figuras, pero viejas prácticas y sin posibilidades reales de ostentar el poder como en otrora sucedía. En eso, el Partido Conservador, representado y dirigido durante las últimas dos décadas por Óscar Barreto, les da ‘sopa y seco’.
El Centro Democrático ha hecho lo propio a nivel nacional bajo el amparo de la figura del expresidente Uribe, pero no sucede lo mismo en el Tolima, en donde más de cuatro personas, en lugar de trabajar unidas, parecieran competir por quién tiene más cercanía con Uribe y quién se impone a la hora de definir candidaturas y avales. El ejemplo más claro de la crisis de los partidos políticos, al menos en el Tolima, son los muchos saltos que ha dado el exalcalde de Ibagué Andrés Hurtado, quien, luego de haber militado en las filas liberales, se volvió conservador y, posteriormente, tras su rompimiento con el Barretismo, se pasó a Cambio Radical y, de allí, al Partido de la U, en donde pretende ser candidato a la Gobernación pese a los procesos judiciales que pesan en su contra. Esos movimientos, guiados más por el cálculo politiquero que por una verdadera convicción de partido, hacen que los mismos pierdan absoluta credibilidad.
Por eso, cuando aparece un partido nuevo, la pregunta realmente importante no es qué logo tendrá en el tarjetón, sino qué tan diferente será de aquello que dice querer reemplazar. Ese es, precisamente, el reto que tendrá Defensores de la Patria en las elecciones territoriales de 2027. El partido que llevó a Abelardo de la Espriella a la Presidencia tiene ahora la posibilidad de entregar avales y competir por alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas. Sin duda, es una oportunidad enorme, pero también un arma de doble filo. Si ese movimiento termina haciendo lo mismo que los partidos tradicionales —buscar al que tenga votos, estructura, concejales, alcaldes y capacidad para llenar reuniones—, simplemente habrá cambiado el nombre de la organización, pero no la forma de hacer política, como ha pregonado el mandatario.
El Tolima debería ser uno de los escenarios para demostrar lo contrario. La renovación no necesariamente está en buscar más políticos profesionales, sino en mirar hacia la universidad, la empresa, los gremios, las organizaciones sociales y los profesionales que han construido una trayectoria fuera de las elecciones. ¿Por qué no un académico para la Alcaldía? ¿Por qué no un profesor universitario para el Concejo o la Asamblea? ¿Por qué no un investigador, un empresario o un especialista que conozca de verdad los problemas del departamento?
Un outsider no tiene que ser alguien que nunca haya hecho política. Puede ser alguien que haya construido una vida profesional lejos de los directorios y que decida poner su conocimiento al servicio de lo público. El Tolima está lleno de personas así. Lo que falta, muchas veces, es que los partidos y los gobernantes tengan el valor de buscarlas. Por eso, la pregunta antes de entregar un aval debería ser sencilla: ¿qué puede aportar esta persona que no pueda aportar cualquiera de los políticos que ya conocemos? No cuántos concejales tiene, cuántos alcaldes lo acompañan o cuántos votos promete conseguir, sino qué sabe, qué ha construido y qué visión tiene del territorio.
Ahí está la oportunidad de Defensores de la Patria. Si sus primeros avales son para las mismas caras, los mismos apellidos y las mismas estructuras de siempre, la promesa de renovación habrá quedado reducida a un nuevo logo. Sería cambiar de camiseta sin cambiar de equipo.
El presidente Abelardo de la Espriella tiene en el Tolima una responsabilidad especial: su votación le entregó a su partido una base política importante, pero también una expectativa. Quienes votaron por una opción nueva podrán preguntar, cuando llegue la hora de elegir alcalde, gobernador, diputado o concejal: ¿qué tiene de nueva esta nueva política?
El verdadero desafío de Defensores de la Patria en el Tolima no será conseguir 47 candidatos. Será encontrar 47 buenas razones para votar por ellos. Y quizá esas razones no estén en los directorios políticos, sino en las universidades, en las empresas, en los hospitales, en los centros de investigación y en las organizaciones sociales. El reto es encontrarlos, pero, sobre todo, tener el valor de darles el aval.