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  |   13.Mayo.2021   |   Por:  
Carolina Toro

En defensa de los tibios

Carolina Toro
Crédito: 
Ecos del Combeima
Admiro al tibio por astuto, pero prefiero, aprecio y valoro más al que es valiente y defiende su posición con respeto y argumentos. Por: Carolina Toro.

La tibieza pareciera ser un estado de conformismo o conveniencia, pero resulta ser hoy en día un mecanismo de supervivencia. Ser neutral es, seguramente, mucho más estratégico que sentar posición y defender ideales. Ser tibio evita ser rechazado, odiado o señalado y por qué no, ayuda a ser admirado. Los eventos de los últimos días han invadido las redes no solamente de noticias falsas sino de un elevado número de denuncias, juicios, señalamientos, opiniones e incitaciones a la violencia contra quienes se ubican en el bando opuesto. ¿Es sano todo esto? Naturalmente no, y hemos podido ver cómo se puede dañar un país con campañas virtuales para imponer un pensamiento o creencia. Erróneamente se considera que la verdad o la realidad es la que al final se revela o sale a flote, pero la historia nos ha demostrado que las realidades no suelen ser valoradas. En nuestra vida las percepciones y las creencias son, entre otras, las que definen los comportamientos de los individuos. Usted puede ser muy buena persona, pero si no se le nota, difícilmente va a generar en torno a usted, una imagen favorable frente a la bondad que posee, pero que no lo caracteriza a la luz de quienes lo observan. Tan cierto es el tema de la percepción, que hoy en día se trabaja en torno a la imagen para vender una idea que puede ser contraria a lo que piensa o siente. Hay que ver el comportamiento de algunos políticos, para darse cuenta de que lo que se percibe de ellos es opuesto a lo que en realidad son. Si a esa percepción le acompañamos una campaña de noticias falsas, podemos ver cómo se movilizaría una gran masa de personas en torno a la idea que se pretenda hacer valer. 

Dado que la percepción es tan importante para movilizar los ideales y ejecutar los planes, ser tibio resulta ser una muy buena estrategia, pues en estos momentos de efervescencia y calor, es mejor pasar de agache, siendo meramente espectador y no participar en discusiones que no llevarán beneficio alguno; hace un tiempo escuché que el cementerio está lleno de mártires, y eso es lo que le pasa a los que estén en el lado opuesto al vencedor, en sentido figurado claramente. La constante lucha por imponer creencias y pensamientos nos lleva a suponer que los derechos no son colectivos y que se justifica el medio con tal de llegar al fin que se pretende.  

Aquí estamos todos, teniendo como certeza que no llegaremos a tener un buen final mientras no se pongan sobre la mesa objetivamente las necesidades y las capacidades reales para suplirlas, mientras no entendamos que somos uno solo, un sistema en donde todos necesitamos de todos para poder avanzar, que conviene evitar la divulgación de noticias falsas, razón por la cual se debe verificar cada contenido que se comparte, que se puede frenar cualquier intento de provocación si no nos involucramos y lo tomamos personal, si entendemos que para que nos vaya bien, todos debemos estar bien, que el odio se debe responder con amor y, que en este momento hay muchas personas con afectaciones mentales, cuya capacidad de tolerancia es mínima y su creencia frente a tener la verdad es absoluta; conviene pues sentarse a observar, actuar para aportar y ayudar a construir, evadir invitaciones a pelear, ignorar las agresiones y ofensas, orar mucho, sabiendo que los buenos somos más, los que queremos progreso y oportunidades para crecer o recuperarnos de la crisis somos más y que esta es una muy buena oportunidad para despojarse de los egos, brindar ayuda al que lo necesita, comprender el punto de vista ajeno  y reconocer que los derechos de los demás también son igualmente valiosos a los míos. No queremos seguir viendo violencia desde ningún bando, no queremos seguir viendo bloqueos, saqueos, ataques a las misiones médicas, cierres de negocios, desempleo, corrupción y desinformación. No se trata de ganar y demostrar quien tiene la razón, se trata de poder seguir viviendo en una democracia en donde se respeta la institucionalidad, la libre expresión sin caer en difamación o agresiones y así poder expresar libremente lo que se piensa y se conoce, sin tener que acudir a ser un tibio más a la espera de ver quién será el vencedor para unírsele.  

Admiro al tibio por astuto, pero prefiero, aprecio y valoro más al que es valiente y defiende su posición con respeto y argumentos. De esas personas me gustaría estar rodeada siempre, pues son coherentes y se muestran tal como son, siendo capaces de aceptar que se equivocan y aprenden en la medida que van descubriendo que las percepciones son un engaño y que, con gran observación y estudio, se puede por lo menos evitar vivir en la mentira. Aún estamos a tiempo de ver más allá de la percepción.