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  |   16.Marzo.2021   |   Por:  
Ricardo Ferro

De la infamia a la esperanza

Ricardo Ferro 
Crédito: 
Ecos del Combeim
Durante varias décadas del siglo pasado miles de compatriotas nuestros traspasaron la frontera para ir a Venezuela en busca de mejores oportunidades. Por: Ricardo Ferro.

“Tu hogar está donde se encuentre tu corazón”, es la frase motivadora con la que el escritor John Green, trata de interpretar el conflicto emocional que sufre una persona que por cualquier razón tiene que abandonar el lugar de su arraigo. Ese conflicto emocional, seguramente es el que han vivido en los últimos años, millones de hermanos venezolanos que han decidido traspasar las fronteras de su país para salvaguardar su vida o buscar mejores oportunidades en otro lugar. Desconcertados seguramente de la infamia, pues les vendieron el país de las maravillas representado en un cambio de modelo económico (El Socialismo del Siglo XXI), en teoría un verdadero estado de bienestar según el cual todo lo tendrían. Pronto despertarían de ese sueño y se encontrarían con la triste realidad: Dictadura, represión, desabastecimiento, hiperinflación, desempleo, persecución política, etc.

Durante varias décadas del siglo pasado miles de compatriotas nuestros traspasaron la frontera para ir a Venezuela en busca de mejores oportunidades, por cuanto allí se vivía la bonanza petrolera y se podía conseguir trabajo y buena remuneración, algunos se fueron huyendo de la violencia generada por los grupos armados, pero nunca esos movimientos multitudinarios, razón por la que veíamos el tema de la migración masiva de personas como algo lejano a nuestra realidad. Observábamos a través de los medios de comunicación las escenas escalofriantes de balsas repletas de gente tratando de atravesar el Mediterráneo para llegar a Europa, para escapar de la guerra y la miseria en sus países de origen y así salvaguardar su vida. Una paradoja, porque muchos la perdieron en el intento. No estremecíamos y pensábamos “menos mal esas cosas no ocurren por estas tierras”,

De pronto, producto de la crisis interna de nuestro hermano país Venezuela, miles de personas emprendieron la huida, porque ya no aguantaron más la difícil situación a la que los sometió el régimen imperante allí. Se volvieron paisaje cotidiano las escenas de ciudadanos venezolanos atravesando a pie la frontera, la mayoría de ellos teniéndonos como destino final de su aventura y otros como camino hacia otros países suramericanos. Una fila interminable de seres humanos cargados de ilusiones y ataviados con vestimenta más propia para la playa que para enfrentar los inclementes climas por donde los llevarían las carreteras de nuestro país. Muchos decidieron quedarse en Bogotá, otros continuaron su camino hacia otras regiones o hacia otros países. 

Obviamente, al igual que ningún país estaba preparado para atender la pandemia de la Covid 19, nosotros tampoco estábamos preparados para recibir esa avalancha de personas migrantes que de la noche a la mañana se convertían en una gran masa que debía ser atendida desde el punto de vista humanitario y que de alguna manera era vista por algunos como una amenaza para mucha gente necesitada de nuestro país, porque eso podría limitar aún más sus posibilidades de mejorar su calidad de vida. 

Nuestro país tuvo que adoptar medidas de emergencia para la atención de esa inmensa nube de población migrante, que demandaban no solo comida y hospedaje, sino servicios básicos como salud, educación, trabajo, protección, etc. Poco a poco se fue moldeando una estrategia para atender esa inesperada migración, integrando las autoridades locales, regionales, nacionales y el concurso de organismos multilaterales como la OIM, siempre con la firme decisión de mantener los brazos abiertos para ayudar a nuestros hermanos que tanto lo necesitan en estos momentos.

Indudablemente ese fenómeno ha causado traumatismos de diversa índole, especialmente en la falta de un registro y control de las personas que a diario ingresan a Colombia, razón por la cual hace unos días el gobierno del Presidente Duque tomó la decisión de crear un Estatuto Temporal de Protección para los Migrantes Venezolanos, mediante el Decreto 216 de 2021,quesegún se dice, es un instrumento con mayores garantías jurídicas que las establecidas en normas internacionales para la atención de migrantes, reconocimiento que ha hecho la comunidad internacional. Hay que ver con optimismo esta importante decisión que permitirá regularizar la estadía de esas personas en territorio colombiano, esperar que ello nos permita sentar las bases para una sana convivencia y se deje ver a estos más de 1.700.000 ciudadanos venezolanos como una amenaza, sino como la posibilidad de reconstruir nuestro tejido social y mancomunadamente trabajar por hacer de Colombia un país de oportunidades para todos.

Excelente decisión señor presidente Iván Duque, Usted le está devolviendo la esperanza a esos queridos hermanos.