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IBAGUÉ - COLOMBIA, 08.Agosto.2020
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  |   12.Febrero.2020   |   Por:  
Laura Castro

El Tolima sigue marginado

Crédito: 
Javier Pérez / Ecos del Combeima
Por estos días estuvo de paso por Ibagué y con mucho afán el Presidente Iván Duque, inaugurando obras diseñadas y financiadas en anteriores mandatos. Por: Laura Castro.

En febrero de 1992 en el mandato de César Gaviria Trujillo, la prensa nacional registró la visita que hiciera la clase dirigente del Tolima en pleno, en la que con documento en mano, le pedían al mandatario atención para el departamento, porque llevaba años en total marginamiento.  Es decir, llegaron a Palacio con un listado de obras prometidas y no cumplidas, dejándolas como “un catálogo de frustraciones”, según el registro noticioso.

En las peticiones resaltaban entre varias de las obras, la Carretera al Mar que comunica al sur del Tolima con Cali y Buenaventura y el Triángulo del Tolima para irrigar 24.000 hectáreas. Describe la nota que dicha comitiva salió feliz, porque el Tolima cobraría protagonismo. Terminado ese mandato nada pasó. El Tolima siguió rezagado.

En el Gobierno de Ernesto Samper Pizano, en un almuerzo en el círculo social, donde se le atendió, cuando hizo uso de la palabra, el Presidente Samper dijo: “Voy a trabajarle al  Distrito de Riego del Triángulo del Sur del Tolima, para que ustedes me pidan otra cosa”. Como quien dice, los tolimenses con el disco rayado. Terminó su gobierno y la carretera al mar siguió trazada y del Triángulo del Sur del Tolima,  nada.

En el Gobierno de Andrés Pastrana, sin sobresaltos, ni la Carretera al mar, ni Triángulo del Tolima. Habló mucho del empleo para la paz. Se comprometió con el Túnel de la Línea. Con ese Presidente tampoco nada paso.

En los 16 años de  los mandatos de Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, hay que reconocer se diseñaron y comenzaron obras de  infraestructura vial para el departamento, obras donde ya corta la cinta el actual Presidente Iván Duque.  Pero ni la carretera al Mar y tampoco la terminación del Triángulo del Tolima.

En el gobierno de Juan Manuel Santos, es preciso mencionar que su desapego y desinterés por Ibagué quedaron reflejados en el nulo control y vigilancia de los recursos destinados a los Juegos Nacionales del 2015, pero eso sí advirtiendo que “Ibagué haría los mejores juegos de la historia”. Bendita frase de cajón.

A hoy el Distrito de Riego a gran escala- Triángulo del Tolima,  amenaza con ser un elefante blanco, donde se han perdido miles de millones de recursos, en un evidente detrimento. 30 años desde su creación e inspiración. La carretera al mar en trazos.

Por estos días estuvo de paso por Ibagué y con mucho afán el Presidente Iván Duque, inaugurando obras diseñadas y financiadas en anteriores mandatos. Pero ciertamente, su presencia no tuvo ninguna trascendencia, sin un anuncio de impacto para la ciudad o la región. Como buen orador, frases de cajón como: “hoy pongo la primera piedra del Coliseo Mayor en el Parque Deportivo, en 14 meses la última”. Amanecerá y veremos.

Transcurridos 30 años y seis presidentes, el departamento y su capital no clasifican con grandes obras o macroproyectos que le apunten a la verdadera transformación y cambio, pero eso podría tener una explicación de fondo, el departamento  no cuenta con una bancada parlamentaria de peso, que sepa y pueda interactuar con el alto gobierno, liderando y gestionando para los megaproyectos ya diseñados y menos para nuevas obras. Nuestra clase política va por lo suyo, pero de trabajo concienzudo, en alianza y generando sinergias,  pocón. Más  nos dejó el exfiscal Alfonso Gómez Méndez, con una imponente infraestructura para la Fiscalía en la ciudad.

Contrario a lo que sucede en otras regiones del país, a los tolimenses solo nos queda babear, con la inauguración y puesta en marcha de  megaproyectos y obras en las  grandes  y medianas ciudades, añorando cuando será ese cuando para el Tolima.

Sólo cuando comparamos el avance de otros departamentos de similares características, nos damos cuenta que seguimos en el marginamiento, es decir lo mismo que hace 30 años con el catálogo de frustraciones ampliado,  negarlo es de necios.