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IBAGUÉ - COLOMBIA, 23.Mayo.2019
Terraverde
Universidad Gran Colombia
  |   13.Marzo.2019   |   Por:  
Andres Forero

Irrepetibles

Concejo de Ibagué
Crédito: 
Ecos del Combeima
Hay cosas que ni por buenas, ni por malas merecen repetirse y ese es el caso del actual Concejo de Ibagué.

Hay una curiosa disyuntiva entre dos significados que uno podría dar al término repetición. Se repite lo que le resulta extremadamente bueno o se repite lo que forzosamente se hace mal.

Sin embargo, hay cosas que ni por buenas, ni por malas merecen repetirse y ese es el caso del actual Concejo de la ciudad.

Antes de los reproches a esta opinión hay que reconocer que al interior de la corporación hay algunas personas bien intencionadas y estructuradas en su formación, política, profesional y ética.

Pero a la hora de las evaluaciones el saldo no los favorece.

La producción de este Concejo, sin temor a equivocaciones, ha sido una de las más pobres en la historia de esa Institución y si del ejercicio de control político hablamos la deuda con la ciudad es aún mayor.

Terminamos eligiendo una comité de aplausos del Ejecutivo, que intencionalmente o no acabó por hacerle craso favor al propiciar una crisis de institucionalidad que dejó al vaivén de las interpretaciones legales el control fiscal y disciplinario del municipio, viciando el proceso de elección de sus responsables.

Un Alcalde nombrando a dedo y conveniencia a quién auditara su ejecución en periodos de encargo, nada más grave.

No hay que olvidar que este Concejo también fue partícipe en la aprobación de iniciativas de gran impacto para el bolsillo de los ciudadanos como el incremento en el impuesto predial e industria y comercio, cargas tributarias que de manera indirecta aportan al fenómeno del desempleo.

La lista puede resultar mucho más larga, pero lo que sí es cierto es que como Junta Directiva de la ciudad le cumplieron a su Presidente, pero le fallaron a su electorado.
Tras la sanción que muchos de los hoy disciplinados han querido desvirtuar con certificaciones y constancias de la no existencia de inhabilidades, existe un dilema moral: el acatamiento de las decisiones y la responsabilidad con la ciudad.
Al margen de las maniobras leguleyas y los argumentos jurídicos ninguno de los concejales sancionados y peor aún, tampoco sus partidos han admitido los errores cometidos.
Al contrario, la constante ha sido justificarse por todos los medios posibles, mantener sus estrategias de defensa sin importar que ello signifique dejar las tareas para las que constitucionalmente fueron acreditados en manos de cuatro personas.
Las renuncias no llegaron, ni llegarán, pues al fin de cuentas, los actuales concejales hoy ya se proyectan como candidatos antes que como dignatarios con credencial. Hay más preocupación por asegurar la continuidad que por estudiar iniciativas, debatirlas y poner por delante los intereses de la ciudad.A estas alturas la pregunta que como ciudadanos y electores deberíamos hacernos entonces es si merecen una oportunidad más. Mi repuesta categóricamente es no.
Debemos ser consecuentes con ese discurso anticorrupción que tanto se ha puesto de moda y que es ahora punta de lanza de las campañas. No podemos premiar el juego sucio, no podemos premiar la indignidad, la burla a las Instituciones, el irrespeto a la ley amparados en la buena fe a pesar de las advertencias de múltiples voces.
No señores, nuestra memoria no puede ser tan frágil, por eso ante la ausencia de manifestaciones de grandeza de quienes deberían ser ejemplo de ética y moral pública, el camino de los ciudadanos no puede ser otro si no el de la sanción social, sanción que podemos materializar a la hora de decidir desde los espacios que nos permite la democracia.

Para ponerlo en términos populares es hora de que a algunos Ibaguereños no les capen el perro por segunda, tercera o cuarta vez, menos cuando sobran opciones para elegir personas con vocación cívica y de servicio.

Por eso hoy digo: Yo no repito, ¿y usted?