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IBAGUÉ - COLOMBIA, 22.Febrero.2020
  |   26.Febrero.2019   |   Por:  
Ecos del Combeima

Niños de zonas vulnerables en la comuna doce reciben alimento, educación y valores en Lunitas de la Madre Laura

Crédito: 
Suministrada
Se trata de la obra que desde hace más de quince años desarrolla en el sector la señora Ruth Muñoz, quien junto con sus hijas y personas de buen corazón, ayudan a los más indefensos para salir adelante.
Altos de Berlin

La fundación Lunitas de la Madre Laura, atiende a más de 80 niños, niñas y adolescentes de barrios como Cerro Gordo, La Gaitana, Murillo Toro, Galán, Kennedy, Ricaurte, Matallana, Villa Claudia, La Reforma  La Albania, Las Marías  y otros sectores donde están asediados por la violencia, el maltrato y la drogadicción para brindarles apoyo nutricional, refuerzo escolar, actividades lúdico-deportivas y música entre otras, para que aprendan a aprovechar el tiempo libre y alejarlos de esos flagelos y de la tecnología que los está absorbiendo.

“Iniciamos nuestro trabajo hace quince años como una prueba de Dios, debido a un percance familiar tras la desaparición de un hermano y entonces mientras lo buscaba, le prometí a Dios y a la Madre Laura que si él aparecía me iba a dedicar a proteger y a servirle a los niños necesitados, fue doloroso y a pesar que mi hermano fue hallado asesinado tiempo después, también fue cierto que eso nos enseñó a ser fuertes y así aprendimos a servir”, afirma doña Ruth.

Dice que junto a sus dos hijas y cuatro voluntarios, en la actualidad desarrollan una labor que a veces pareciera imposible de continuar y que escogieron como ‘madrina’ espiritual ante Dios a la Santa Madre Laura Montoya desde antes de ser canonizada porque una tía suya perteneció a esa congregación religiosa y desde entonces y más ahora que es santa, sienten que nunca las ha abandonado.

“Cuando estamos muy, muy apretados, sin recursos económicos, le digo a la madre Laura: ‘acuérdese que nosotros la conocimos antes de ser famosa’ porque a ella le dedicamos nuestra obra y hemos ido creciendo, siguiendo su ejemplo en el trabajo con los menos favorecidos y aunque acá no tenemos indígenas como ella, tenemos niños muy vulnerables al consumo de sustancias, al micro tráfico, al maltrato a los flagelos de la pobreza y  en condiciones que merecen que luchemos por ellos”, agrega.

Dice que a este tipo de trabajo, muy pocas personas le apuestan porque no genera ganancias económicas pero que con sus hijas, los voluntarios y los amigos, encuentran el mejor premio que es el amor de los niños y los resultados que se van viendo cuando ven sus sonrisas y logran cambiarles o mejorarles sus vidas.

“Yo misma soy un milagro de Dios porque hace dos años que me detectaron un cáncer de seno y él me permitió seguir viviendo, acá estoy y solo por la voluntad del todopoderoso y seguimos subsistiendo, hay ocasiones en que no tenemos ni cien pesitos y acudimos a los padres de familia, hacemos rifas, vendemos tamales, ponemos ‘la totuma’ y ahí vamos, por eso estamos buscando personas que nos ayuden con este proyecto para que muchos niños no sigan en la calle y también tengan un alimento caliente”, dijo.

Debido a lo limitado y escaso de los recursos, solo pueden brindarles alimento a los beneficiarios los días lunes, miércoles y viernes, en los demás trabajan  otras actividades pero afirma que su anhelo es poder tener este servicio de manera permanente por lo menos cinco días a la semana.

“Amigos y allegados nos colaboran con granos, con frutas, mercado y otros elementos con eso organizamos un almuerzo muy bueno para los niños, ellos empiezan a llegar desde las 8, hacemos tareas, refuerzo escolar y si nos queda tiempo realizamos lúdicas, la mayoría son de la zona y los que son de más lejos, traen su uniforme, acá se cambian y se van para el colegio y los que vienen de su jornada escolar llegan, almuerzan, se cambian y siguen con los actividades”, concluyó.

Este es uno de tantos esfuerzos de personas con sensibilidad y amor por el prójimo, que hacen una labor que verdaderamente merece ser apoyada y que como ella lo afirma, es una forma de responderse el 'Para Qué Estoy Acá?, algo que no deja dinero pero sí muchas satisfacciones; quienes quieran brindar sus ayudas se pueden comunicar con doña Ruth Muñoz al celular 311 773 4387, también los pueden encontrar en Facebook, Instagram, y You Tube como Fundación Lunitas de la Madre Laura,