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  |   21.Agosto.2018   |   Por:  
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¿Qué es Ibagué Sostenible 2037?

Ibagué aerea - HD
Crédito: 
Alcaldía de Ibagué
La semana pasada la Alcaldía presentó un estudio realizado por Findeter que serviría como hoja de ruta hacia una ciudad sostenible a 2037, la iniciativa se basa en el turismo, logística y agrópolis, dejando por fuera la construcción, la confección y las TIC, el precandidato Jaime Eduardo Reyes señala a grandes rasgos los pro y contra que encontró en el documento.

 

La semana anterior la Alcaldía de Ibagué dio a conocer un estudio realizado por Findeter que serviría como hoja de ruta para los próximos 20 años en la ciudad, que está basado en turismo, logística y agrópolis como motor de desarrollo dejando sectores como la construcción, la confección y las TIC por fuera del panorama.
 

¿Qué es una ciudad sostenible? 

Conozca el Estudio completo ingresando aquí 

Según el estudio una ciudad sostenible es aquella que ofrece una calidad de vida digna a sus habitantes, sin comprometer los recursos y las posibilidades de las futuras generaciones. Una ciudad con una infraestructura urbana a escala humana, que minimiza sus impactos sobre el medio natural y es capaz de adaptarse a los efectos del cambio climático; una ciudad que cuenta con un gobierno local con capacidad fiscal y administrativa para mantener su crecimiento económico y para llevar a cabo sus funciones urbanas con una amplia participación ciudadana.

A partir de esta definición, se entiende que dicha ciudad debe sobresalir en cuatro dimensiones: 1.) ambiental y cambio climático, 2.) desarrollo urbano sostenible, 3.) económica y social, y 4.) fiscal y gobernanza.

En la dimensión ambiental y de cambio climático, la ciudad debe destacarse en tres pilares: i) en el manejo y consumo sostenible de recursos naturales; ii) en la mitigación de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y otras formas de contaminación, junto con el uso de fuentes sostenibles de energía; y iii) en la reducción de su vulnerabilidad frente a los peligros naturales, así como su adaptación a los efectos del cambio climático.

En materia de desarrollo urbano sostenible, la ciudad debe sobresalir en dos aspectos: i) en la planificación del crecimiento y la provisión de un hábitat adecuado para sus ciudadanos; y ii) en la promoción de un transporte urbano sostenible.

En la dimensión económica y social, la ciudad debe distinguirse principalmente en: i) la promoción de la competitividad y de un desarrollo económico local sostenible; y ii) el suministro de servicios sociales de calidad y niveles recomendables de seguridad ciudadana.

Finalmente, en materia fiscal y de gobierno, una ciudad sostenible es aquella que sobresale en cuatro pilares: i) en la aplicación de mecanismos de gobierno modernos, eficientes y que promuevan la participación ciudadana; ii) en la generación de recursos propios para promover el desarrollo; iii) en el manejo adecuado y transparente del gasto público; y, iv) en la gestión eficiente de la deuda pública.

Los pro y los contra del estudio 

El precandidato a la Alcaldía de Ibagué, Jaime Eduardo Reyes, se refirió al tema e indicó que el ejercicio es interesante pues el municipio requiere una visión a futuro,  sin embargo al leer el documento se encontró que todavía está en construcción pues se queda corto en algunos temas entre ellos los costos aproximados de plan de acción.

“En muchos programas y proyectos los datos de inversiones totales aún no se tienen, vale la pena decir que aunque se establecen acciones y proyectos han dejado por fuera unos factores importantes, perdemos de vista la competencia de Ibagué de ser competitivos y en eso el programa se queda muy corto”.

Para Jaime Eduardo Reyes la ejecución del programa requiere de créditos y alianzas público-privadas a las cuáles solo se puede acceder con la confianza de la ciudadanía en la institucionalidad.
Mencionó además que en cuanto a la Educación con Mejores Resultados hay un programa destinado a la Jornada Única pero no tiene valores de inversión lo que resulta muy extraño cuando los últimos años se ha venido hablando del tema e intentando implementarlo en la ciudad.

“No hay una idea clara de lo que quieren hacer en la educación terciaria y superior en la ciudad. Hay un plan piloto de renovación Urbana en la calle Quinta y aunque es un plan importante, necesario y ambicioso, quedo corto para una visión al 2037”.

El líder político además enfatizó que el desarrollo económico alrededor de lo agroindustrial se quedó muy corto con agrópolis pues se están desconociendo muchas de las posibilidades que se tendrían desde este sector.

Puntualizó que sí está bien elaborada en la estrategia, la plataforma logística donde aparece una proyección cercana a los 240 mil millones de pesos.

“El nuevo turismo verde y cultural que plantean se queda extremadamente corto porque se plantean tan solo 460 millones de pesos en la inversión en el sector y esto es muy poco. Hay que seguir avanzando sobre este proyecto pues Findeter y la Alcaldía han planteado una ruta que podría servir para el desarrollo sostenible de la ciudad pero creo que esa dimensión aún se queda corta”.

Reyes apuntó que es importante plantear cómo se va a fortalecer el tejido productivo y económico en la ciudad pues aunque hay una mirada básica con relación a la agroindustria esto aún se queda muy corto en términos de la proyección que se debe tener para las próximas décadas en términos económicos.

“Desde la visión 2025 se planteó desde el 2005 las industrias culturales o economía naranja que debería ser un gran potencial de desarrollo para el municipio se toca muy por encima, nosotros tenemos un nombre conocido en el país pero se queda muy corto en el estudio de Findeter, es muy importante que en este tipo de proyectos aparezcan la confianza y austeridad del gasto como principios rectores en la ejecución misma del plan”, indicó Reyes.

El precandidato a la Alcaldía aseguró que no se puede pretender sacar adelante la ciudad solo cobrando impuestos y contribuciones, sin fortalecer la confianza de los sectores económicos e industriales que aportan dineros para el desarrollo, por lo que se debe analizar a profundidad este aspecto para seguir impulsando el crecimiento económico.

Además aseguró que las condiciones económicas actuales de la ciudad son bastante precarias y por eso la ciudadanía se resiste a pagar una tributación que en la mayoría de casos no sabe a dónde va a parar, lo que requiere una pedagogía profunda y una transparencia férrea para recuperar la confianza en pagar para recibir inversiones.

“Hay que tener muy clara la capacidad de endeudamiento del municipio y tener claro de dónde van a venir los recursos, hay que plantear una relación de cooperación y mutualismo con el Gobierno Nacional y se deben dar las garantías de que la ciudad está buscando avanzar en el desarrollo social y económico, no puede ser solo una mirada local, hay que salir de esa mirada parroquial que siempre hemos tenido y plantear unas estrategias de trabajo claras”.

La urbanización en América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe constituyen la región en desarrollo con el mayor grado de urbanización del planeta. Su porcentaje de población urbana se duplicó en la segunda mitad del siglo XX, pasando de representar el 41%, en 1950, a más del 81% en la actualidad.

Los años entre 1950 y 2000 fueron aquellos que presentaron una mayor tasa de crecimiento. Sin embargo, a partir del año 2000 -pese a continuar con un alto crecimiento poblacional- el ritmo de aceleración de la tasa fue menor. De esta manera, se espera que para el año 2050 el 89% de la población habite en las ciudades (World Bank and Collins, 2013).

En Suramérica se prevé que, en 2020, países como Uruguay, Argentina y Venezuela presenten un porcentaje urbano cercano a 95%, mientras que en Colombia se espera que sea aproximadamente de un 89% (CEPAL, 2013), un 10%, el producto per cápita del país se incrementa un 30%. El ingreso per cápita es casi cuatro veces superior en aquellos países donde la mayoría de la población vive en ciudades que en aquellos países donde la mayoría de la población vive en áreas rurales” (Glaeser, 2011).

Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, en un estudio del impacto de la urbanización en la reducción de la pobreza, demuestra cómo en Bolivia, por ejemplo, el 28% de la reducción en la pobreza del país, de 1999 a 2005, vino de la mano de la urbanización; mientras que en Brasil lo hizo en un 17% en el período 1999 a 2004.

Por su parte, en China, el porcentaje de pobres rurales viviendo en situación de extrema pobreza descendió de 36% a 5% en los últimos 30 años, lo que se debió a la explosión de la urbanización en ese mismo periodo (UNFPA, 2007).

Debido al papel que jugaron las grandes y mega urbes en los primeros 40 o 50 años del proceso de urbanización, muchas ciudades medianas o pequeñas pasaron desapercibidas.
No obstante, hoy las tasas de crecimiento de las megaciudades están en descenso y, de hecho, más del 50% del crecimiento urbano está ocurriendo en ciudades intermedias como Ibagué. Tanto que hoy albergan más del 50% de la población urbana mundial (UN-HABITAT, 2006).

La iniciativa de ciudades emergentes y sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Considerando las oportunidades y retos descritos anteriormente, el BID puso en marcha el Programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (CES). El Programa CES es una plataforma que busca darle apoyo a ciudades como Ibagué, en su capacidad de avanzar por su sostenibilidad en las dimensiones: ambiental, urbana, económica y social, fiscal y de gobernanza. Para ello, se realiza una evaluación de la ciudad en las dimensiones señaladas a través de un diagnóstico rápido de indicadores y la implementación de talleres y encuestas complementarias, en el que se identifican y priorizan los problemas que más pesan en términos económicos y ambientales, en la mente de la ciudadanía y entre sí (es decir, cuál tema hala más frente a los otros).

De ahí se procede al diseño de acciones concretas o ideas de proyectos las cuales, en algunos casos, son definidas a nivel de perfil de proyecto; y que cuentan con una aproximación detallada de los costos de pre inversión e inversión que se requerirían para su implementación, así como del impacto que traerían en relación con los indicadores que fueron evaluados al inicio del proceso.
Desde su creación en 2011, el Programa CES ha elaborado planes de acción para 53 ciudades, entre las que resaltan otras catorce ciudades colombianas como Barranquilla, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Montería, Pasto, Valledupar, Villavicencio, Santa Marta, Cartagena, Neiva, Popayán, Rionegro y Riohacha.

En el caso de Colombia, con el liderazgo de Findeter, se han realizado nueve planes de acción para ciudades sostenibles. En Brasil, la Caixa Económica Federal ha iniciado planes en cuatro ciudades; mientras que en México, con el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras), está llevando a cabo planes en dos ciudades. Por su parte, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en Argentina, también ha iniciado el proceso en dos ciudades.

Pero el propósito no es solo entrar y analizar una ciudad. Como programa, CES está integrando el esfuerzo realizado en todas estas ciudades por medio de dos foros abiertos de alcaldes de las ciudades de la región para compartir experiencias, intercambiar soluciones y promover la cooperación entre ellas mismas.

El primer foro es la Red de Ciudades CES, a la que se va uniendo cada ciudad que ingresa al programa y a la que también se han unido ciudades de España y Estados Unidos.

El segundo es URBELAC, una red creada con el apoyo de la Unión Europea para convocar ciudades de esa región. También se está desarrollando una base de datos integrada de todas las ciudades que sirva para que diferentes urbes vean cómo es su desempeño en todos los temas y en relación con sus pares, la cual puede ser consultada en www.urbandashboard.org.

El programa de Ciudades Sostenibles y Competitivas de Findeter

En Colombia, fue Findeter la institución a la que el BID le propuso, en 2012, aliarse para avanzar con la iniciativa. Para el caso colombiano el Sistema de Ciudades del Departamento Nacional de Planeación (DNP), identifica que aproximadamente el 75% de la población vive en centros urbanos, y se estima que esta proporción aumentará hacia el 89% en el 2050. Durante las próximas cuatro décadas cerca de 20 millones de personas llegarán a las ciudades, con las correspondientes demandas de vivienda, transporte, servicios públicos y sociales, entre otros. El número de ciudades mayores de 1.000.000 de habitantes aumentará de cuatro en 2010 a siete en 2050, y las mayores de 100.000, de 41 a 69, lo cual implica mayores retos en materia de conectividad y articulación, pero sobre todo, un desafío para el crecimiento sostenible de los territorios.

No hay duda de que las ciudades colombianas son el motor del crecimiento eco- nómico del país. Según el Banco Mundial, las actividades realizadas en estos lugares han aportado en los últimos 40 años, en promedio, más del 50% del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Actualmente, cerca del 85% de este se produce en los centros urbanos. Los anteriores aspectos evidencian la importancia que adquieren las ciudades intermedias para el desarrollo del país, pues es en ellas donde se encuentra el futuro de Colombia en materia de sostenibilidad urbana.

La limitada capacidad del Gobierno Nacional de generar recursos para distribuir en las regiones y ciudades durante gran parte del siglo XX, sirvió de incentivo para que ese alto número de urbes tuvieran que desarrollar sus propios mecanismos de financiación, como lo fue el caso de la contribución de valorización que existe en Colombia desde 1928. Como no hay mal que por bien no venga, ahora en Colombia hay ciudades mucho más fuertes institucionalmente, sobre todo en lo que se refiere a la contribución que como ciudadanos debemos hacer al fisco municipal para que este a su vez pueda retribuirnos en la forma de servicios y bienes públicos de calidad.

En desarrollo de la alianza con el BID, y viendo el potencial del sistema urbano colombiano, Findeter creó el programa Ciudades Sostenibles y Competitivas (CSC), invirtiendo recursos significativos en la preparación y elaboración del Plan de Acción, incluyendo los estudios de cambio climático y desarrollo urbano e instrumentos de planificación que serán descritos más adelante.

Sin embargo, Findeter va más allá en el sentido de establecer, en conjunto con la municipalidad y de acuerdo con su capacidad de endeudamiento, un programa plurianual de apoyo financiero para la ejecución de las acciones previstas en el plan. Como banco de desarrollo del Estado, Findeter provee créditos menos onerosos que los que suministra la banca privada.

Adicionalmente, la Gerencia de Sostenibilidad, como grupo dedicado a la implementación del programa CSC, realiza un cruce detallado de todas las acciones y propuestas con un sinnúmero de fuentes de financiación de las cuales tiene conocimiento o que puede incluso apalancar, tales como: las regalías, las asociaciones público-privadas, la inversión privada y el trabajo y aportes de los propios municipios que, como en el caso de Ibagué, podrían ser objeto de crédito.

Debido a que el programa CSC aplica la misma metodología e indicadores del Programa CES, las ciudades colombianas generan una base de datos que les permite analizarse en el contexto de las demás ciudades latinoamericanas promovidas por el BID.

Por estas y otras razones que se harán evidentes a través del documento, Ibagué ingresa con este esfuerzo a una red a través de la cual se le facilitará su tránsito hacia una ciudad sostenible y competitiva. Findeter y el BID seguirán acompañando a la Administración local en sus esfuerzos por lograr mayor gobernabilidad y en la ejecución de iniciativas ya iniciadas, como lo ha venido haciendo a través de la inversión en proyectos de agua potable y saneamiento básico, y en el mejoramiento del espacio público.