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Defensa de los Cerros Tutelares | 7 Jul 2016 - 9:02 am | Por: El Espectador

La expedición de los mejores geólogos del mundo en Colombia

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Durante tres días, algunas de las mayores autoridades en esta disciplina se dieron cita en los alrededores de Ibagué para conocer las características de las montañas colombianas.

¿Es posible que en las montañas y en las rocas esté la clave del pasado? Los geólogos, encargados de estudiar la tierra, piensan que sí y en Colombia llevan cien años estudiándolas.

En el marco de la celebración de los 100 años del Servicio Geológico Colombiano, institución encargada de la investigación científica de recursos del subsuelo y del seguimiento y monitoreo de amenazas de origen geológico, se organizó una excursión a la cordillera Central y los alrededores de la ciudad de Ibagué, que contó con la participación de 37 expertos de 20 países.

El objetivo de la excursión, según su coordinador Jorge Gómez Tapias, geólogo del SGC, era mostrarles a los geólogos extranjeros las particularidades de la geología regional y la historia geológica de esta parte de la cordillera de los Andes, tan rica en investigación.

Para los geólogos, las rocas son huellas del pasado. A través de ellas pueden descifrarse enigmas, como el tiempo en el que los dinosaurios se extinguieron o cuándo se formaron los continentes. Del mismo modo, permite saber, por ejemplo, si las montañas en las que vivimos nacieron en el océano y cuándo comenzó su “viaje” hasta el sitio en donde están hoy.

Particularmente para la geología, los Andes colombianos son un terreno muy rico para estudiar. Según el SGC, son una especie de collage de terrenos geológicos, que proveen numerosos ejemplos de colisión de áreas oceánicas, inversión tectónica de cuencas y volcanismo, entre otros.

Por esta razón, el SGC llevó por tres días a geólogos de países como Estados Unidos, Brasil, Perú, España, Argentina, México, Alemania, Costa Rica, entre otros, a recorrer parte del variado territorio que ofrecen los Andes colombianos. Allí, armados con sus pequeñas lupas y martillos, los expertos internacionales revisaron cada una de las rocas de las estaciones de la excursión. “La importancia que tiene el entender la geología es que nos muestra cómo fue que se formó el territorio de Colombia”, explicaba Óscar Paredes, director general del Servicio Geológico Colombiano.

Fueron tres días de caminatas y viaje en carretera. Desde muy temprano, los geólogos y el equipo del SGC salieron en busca de los afloramientos de roca, o sitios en donde la roca se deja ver, por ejemplo los que se encuentran en los bordes de las carreteras. Allí, mientras los carros pasaban y sus conductores miraban como si no entendieran, los geólogos examinaban las rocas y se las pasaban entre ellos como si fuesen dulces.

“La pasión por esto nació como todas las demás, por la curiosidad”, afirma el geólogo mexicano Ángel David Márquez, “Entender cómo se formó o por qué pasa esto es comprender que todo tiene una relación”, agregó.

Dentro de las nueve paradas que tuvo la excursión fueron dos las que llamaron la atención de los geólogos, por ser únicas a nivel mundial.

La primera, y que por unanimidad fue la que más entusiasmo generó en los expertos, fue uno de los lomos de la Falla de Ibagué, que es un ejemplo claro de cómo se da un desplazamiento geológico. Una falla geológica, en palabras de Jorge Gómez , coordinador de la excursión, es un fenómeno natural que corresponde a fracturas de las rocas con desplazamiento de los segmentos producidos”.

Pero lo que sorprendió a los expertos no fue la falla, pues de éstas las hay en todo el mundo, sino la claridad con la que se pudo ver el fenómeno, al que muchos lo denominaron como “un ejemplo de libro”, algo que han leído y estudiado, pero es muy difícil de observar en la vida real. “Es realmente fantástico cómo este fenómeno está expuesto en el paisaje y cómo fue investigado por el Servicio”, dijo Roland Oberhänsli, presidente de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.

Pero así como los geólogos quedaron sorprendidos por este fenómeno, el segundo que llamó su atención lo hizo por lo negativo: la catástrofe de Armero. Todo lo que no debe suceder en una emergencia geológica.

La historia es ampliamente conocida: el 13 de noviembre de 1985 el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y el alud de lodo y otros materiales se llevó al municipio de Armero, en el departamento del Tolima.

“Armero es la muestra clara de que la geología es cíclica”, explica Marta Lucía Calvache, geóloga colombiana que hace 31 años trabajó monitoreando al Ruiz en Manizales y vivió de primera mano la tragedia.

“La geología nos permitió saber que Armero era un lugar muy peligroso para asentar una población”, cuenta Calvache. “Tenemos registros de que en 1595 y en 1845 ocurrieron dos emergencias relacionadas con el nevado y por eso sucedió lo que sucedió”.

Luego de la tragedia, se creó en 1986 el Observatorio Vulcanológico y Sismológico en Manizales, que monitorea e investiga once volcanes activos, correspondientes al segmento volcánico norte del país y hoy se ven los frutos de su trabajo. Armero es el testimonio de lo que no debe volver a ocurrir, y el SGC es consciente de ello. Pues aunque aún encuentran resistencia por parte de algunas comunidades, hoy reconocen que el país es más consciente sobre los alcances que puede tener una emergencia vulcánica.

Tomado de El Espectador (ver nota original) 

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